¿Quiénes fueron las personas enterradas en Colón 10?

Este sitio funerario es representativo de la fase final de la Tradición Cultural Chinchorro. Fueron cazadores, pescadores y recolectores marítimos y terrestres que habitaron el desierto costero, entre la desembocadura del río Loa en el norte de Chile, hasta la localidad de Ilo en el sur de Perú. A pesar de lo inhóspito y de la condiciones de extrema aridez que caracterizan a este desierto, la presencia de los valles costeros otorga riqueza y diversidad, crean un rico ecosistema marino con recursos, ribereños, terrestres y agua fresca. Fue la riqueza, abundancia y diversidad de los recursos marinos lo que favoreció un modo de vida semi-sedentario, lo que contrasta con la alta movilidad que caracteriza a cazadores y recolectores en otros desiertos del planeta. La economía de estas poblaciones fue exclusivamente de tipo extractora, es decir no cultivaron plantas ni domesticaron animales. En contraste, desarrollaron una tecnología especializada en el manejo de recursos marinos litorales que incluyó anzuelos de concha y espina vegetal, sedales, plomadas, arpones, dardos, chopes o desconchadores de moluscos y bolsas redes, apoyada en una amplia industria lítica para las tareas de caza, pesca y recolección marítima que complementaron con los recursos terrestres. Para elaborar los instrumentos ligados a estas tareas, trabajaron distintas materialidades: madera, cuero, concha, piedra y fibra vegetal.

De los humedales de las desembocaduras de los ríos y lagunas costeras se abastecieron de plantas como junquillo y totora para elaborar diversos elementos necesarios en la vida cotidiana, tales como: esteras para toldos de viviendas, cobertores para dormir, bolsas redes; vestimenta como faldellines, cobertores púbicos, cintillos y cuerdas para enhebrar cuentas de collares y enmangar artefactos. La fibra vegetal fue también empleada en la elaboración de fardos funerarios y la preparación de cuerpos con momificación artificial.

Además, fueron hábiles en encontrar, extraer y procesar minerales para la obtención de pigmentos de colores como el rojo y negro de gran importancia en dichas prácticas rituales.
A través de las quebradas, recorrieron los ambientes interiores, circulando distancias de 15 a 40 kilómetros, para la caza probablemente de camélidos y abastecerse de materias primas complementarias, como rocas especiales para fabricar instrumentos líticos. Además, se extendieron por la desembocadura de los valles a lo largo de la costa, fundamental para mantener y reproducir la sociedad Chinchorro como grupo biológico y cultural.

La organización social de las comunidades Chinchorro estuvo probablemente basada en unidades de parentesco con un nivel de integración algo mayor a una familia nuclear, lo que se infiere a partir de los entierros múltiples, Esto quiere decir que estos grupos estaban integrados por varios adultos masculinos y femeninos, juveniles, niños e infantes, lo que les permitió mantener por más de cuatro mil años la trama social de los distintos grupos organizados en el territorio. Consecuentemente, los Chinchorro construyeron su paisaje cultural sobre terrazas fluviales y laderas de cerros en la desembocadura de valles y quebradas. Esto incluyó una compleja ritualidad sobre la vida y la muerte que quedó plasmada en la manera cómo trataron a sus seres queridos, lo que se descubre y valora a través de este Museo de Sitio, que respeta el lugar original donde fueron enterrados. Esta es una nueva manera de tratar los vestigios de esta milenaria ritualidad, donde la actitud y acciones de la comunidad, son cruciales para asegurar su continuidad en el tiempo. Esto evita también que los restos de esta ritualidad, cuyos contenidos y significados específicos nos será posible develar, sean rescatados y trasladados a los depósitos de un Museo. Ahora, tenemos la posibilidad única de contemplarlos con respeto y admiración, de estudiarlos para aprender más de ellos, a la vez que velamos por su conservación