Sector 3

Finalmente en el Sector 3, se removió una capa de escombros entre 40 a 85 cm de espesor, hoy inexistente, que contenía abundantes desechos modernos donde predominaron restos de periódicos -uno fechado en 1917- sacos, vidrios, metales, huesos de vacuno, restos de vajilla, botones, bolitas de vidrio, balines, plásticos, cajetillas de cigarrillos, latas de comida en conserva, entre los más frecuentes. Por debajo de esa capa, se identificó un piso compacto de cenizas y fogones con áreas de abundante combustión y desechos de época también del siglo XX y quizás del siglo XIX. Al levantar esta capa quedó expuesto otro conjunto de evidencias bio- antropológicas, algunas de las cuales están alteradas a consecuencia de los restos de una fundación antigua de la casa habitación que alteró parte de los cuerpos.

Por ejemplo, observe el Cuerpo 35, con una viga de madera donde debió ubicarse el cráneo y la ausencia de la extremidad inferior izquierda. También los Cuerpos 42 y 43, que quedaron partidos por la construcción del muro que limita con la casa habitación vecina. La ampliación de la excavación expuso 16 cuerpos: 12 adultos, dos infantes y dos indeterminados, ya que aun están parcialmente cubiertos con sedimentos. El patrón funerario en este sector muestra diferencias con el Sector 1 y similitudes con el Sector 2. Los cuerpos no mantienen el mismo ordenamiento y orientación, por el contrario están dispuestos en variadas posiciones y orientaciones, que incluye cuerpos flectados y extendidos. Algunos están cubiertos con una capa de arena, con similar técnica aplicada a los del Sector 2. Sin embargo, los elementos del fardo funerario son comunes en los tres sectores, donde destacan las esteras vegetales y pieles de ave marina pintadas de rojo, como el Cuerpo 46. Al igual que en el Sector 1, se han constatado al menos tres niveles de cuerpos. Las diferencias observadas en el tratamiento mortuorio así como en la posición y orientación de los cuerpos puede deberse a que pertenecerían a grupos distintos que ocupaban diferentes espacios domésticos en la restringida costa de Arica, y que sin embargo, pudieron compartir áreas de entierro comunes.

Estas diferencias también podrían deberse a sensibles variaciones temporales, considerando el amplio rango de tiempo que el faldeo norte del Morro de Arica fue ocupado como lugar de peregrinaje y área ceremonial funeraria de los Chinchorro. Entre los sectores 2 y 3 se observa un entablado de madera que formó parte del piso la casa habitación. Este piso se dejó in situ, como un testimonio de las distintas épocas en que fue habitada y como una reserva no alterada arqueológicamente para proteger los cuerpos que se ubican en el subsuelo. Montada sobre la pared posterior del área excavada, usted puede observar una gran gigantografía, que representa el cuaderno de campo de un arqueólogo o arqueóloga, donde se registran, mapean y describen los hallazgos que se encuentran en las excavaciones.

En las fotos de detalle se destacan rasgos particulares de algunos cuerpos:

Los Chinchorros tuvieron dientes sanos libres de caries, por el tipo de dieta que no incluyó carbohidratos, pero se desgastaban bastante, como lo ilustra la Foto del Cuerpo 1, por masticar alimentos duros con residuos de arena y por haber sido usados en el curtido de pieles y otras actividades. Fueron muy hábiles para trabajar la fibra vegetal, como lo ilustra la foto inferior: un detalle de la técnica con que elaboraron las esteras para envolver o cubrir los cuerpos: son cañitas perforadas y atravesadas con una cuerda vegetal torcida lo que le da estructura y sostén al tejido. Usaron además plumas de aves marinas para envolver o cubrir los cuerpos. La foto corresponde al Cuerpo 7. En los infantes con momificación artificial colocaron pelucas, elaboradas con moñitas de pelo humano, embarrilados con cuerda vegetal, que fijaban al cráneo con emplaste de barro. La foto corresponde al Cuerpo 10. Los Chinchorros fueron expertos pescadores, mariscadores y buceadores. Algunos tienen “exostosis auditiva”, que consiste en crecimiento de hueso que obstruye el oído. La foto ilustra el Cuerpo 8, un hombre adulto, donde el contacto permanente con el agua y el viento le causaron irritaciones en el oído e inflamación del hueso. Algunos infantes muestran en el techo de las órbitas una lesión conocida como “criba orbitaria”, causada entre otros factores, por deficiencia de hierro o anemia, probablemente padeció de infecciones intestinales y parasitarias. La foto corresponde al Cuerpo 21. Un hombre adulto, cuerpo 16, muestra los huesos de las piernas pintados de rojo y una punta lítica de proyectil se alojó en la cadera izquierda, por razones no definidas. Los infantes fueron tratados con especial cuidado tal como lo muestra la foto del infante 13, con una mascarilla pintada con pigmento negro de manganeso. El infante 26 presenta una mascarilla de barro pintada de rojo, al infante 23 le pintaron el pelo de rojo y al infante 17, le depositaron dos caracoles sobre su pecho. A un hombre adulto le pusieron una concha de Choromytilus sobre su hombro izquierdo y muestra además un desgaste severo de los dientes. La foto corresponde al Cuerpo 32.

En el Sector 3 de la gigantografía se observa un hombre adulto, el cuerpo 36, que tuvo tres fracturas sanadas: dos en frontal y una en humero izquierdo, causadas probablemente por violencia interpersonal. Le pusieron como ofrenda un anzuelo pequeño de espina vegetal. Al cuerpo 37, un hombre adulto, le depositaron una concha de loco con pigmento rojo. Y a otro adulto, el cuerpo 46, lo envolvieron con una piel de ave marina, pintada de rojo. Un aspecto que llama la atención en este sitio son las escasas ofrendas funerarias asociadas a los cuerpos, lo que contrasta con otros sitios de la fase tardía de Chinchorro, donde es frecuente encontrar un mayor número de ofrendas. Es posible que algunas fueran sustraídas del sitio, durante los distintos momentos en que fue intervenido. Por otro lado, probablemente, algunas ofrendas estén ubicadas bajo las esteras que cubren los cuerpos.

Hasta ahora no ha sido posible datar los cuerpos mediante técnicas científicas como el radiocarbono catorce, dada la alta degradación de la fracción proteica de los huesos. En virtud de las características culturales reseñadas se estima una antigüedad relativa de 4.000 a 3.700 años antes del presente para los cuerpos expuestos en el primer nivel.
Sin embargo, la presencia de niveles inferiores con cuerpos con momificación artificial compleja, sugieren que este lugar pudo ser ocupado desde los 5.500 años atrás. Esto es concordante con las características y dataciones de radiocarbono catorce del sitio Morro-1, a escasos metros pendiente arriba de Colón 10, donde en la actualidad hay un mirador. Por último, la gran gigantografía al final de este recorrido muestra el hito geográfico más importante de esta ciudad, el Morro de Arica, lugar que ha sido continuamente ocupado a lo largo de la historia. A través de la rampa que corre paralela a la pared norte del patio, el público puede acceder al segundo nivel, inexistente en la casa habitación original, desde donde se aprecia en toda su magnitud el paisaje y la geografía de la costa y del río San José y valle de Azapa. Abstrayéndose de la urbanización actual de la ciudad, se podrá imaginar la visión que las poblaciones Chinchorro tuvieron hace miles de años desde esta ubicación estratégica donde se contempla el territorio, el mar, el valle, el cauce del río y el punto de inflexión del borde costero continental el cual se proyecta hacia el noroeste donde se puede ver la ciudad de Tacna. La ubicación en altura les permitió estar alejados de eventuales inundaciones, huaycos y mosquitos. En este mirador usted encontrará paneles con información complementaria referente a los ambientes donde vivieron los Chinchorro y los recursos que explotaron. En el piso hay una representación de una rosa de los vientos indicando los puntos cardinales.